miércoles, 31 de octubre de 2012

Capítulo 6

Nos llevan dentro del Edificio de Justicia para despedirnos de nuestras familias y amigos. En este tiempo lo han reconstruido; acabó hecho pedazos en la guerra del Capitolio. Ahora es de mármol gris azulados con unas grandes escaleras en la entrada.
Entra un agente de la paz, y detrás de él mis padres y Lain. Lo abrazo, agachándome un poco; aunque tiene 12 años, está alto para su edad. Después miro a mi madre. No llora porque ya se lo esperaba, pero sí respira muy rápido.
-Dandelion… -susurra.
-Sh, no te preocupes. Aunque no vuelva, siempre me recordarás en los dientes de león. Al fin y al cabo, me pusisteis mi nombre por esta flor –le tranquilizo, poniéndole el diente de león que yo llevaba en el pelo-. Te quiero.
Abrazo a mi padre, y entonces empiezo a llorar. Dentro de dos o tres semanas se acabará todo…: no volveré a oler el aroma de su delicioso pan, no oiré más su risa contagiosa, no sabré más cosas de cuando era joven, ya no oiré sus relatos sobre sus dos Juegos del Hambre, y lo peor, ya no lo veré más pintar cuadros. Son tan bonitos los recuerdos sobre él…
El agente de la paz de antes abre la puerta y les ordena que se marchen. Les doy un beso en la mejilla a cada uno y se van.
“Adiós.”
Después de un par de minutos, entran tres chicas. Ellesmere, con su lacio cabello rubio recogido en una coleta; Nina, con su rebelde pelo rojo suelto; y Clare, con su fino y liso pelo moreno en dos trenzas. Me abrazan y veo que Ellesmere está a punto de llorar. Vino del Distrito 1 y nos hicimos inseparables enseguida. Nina vino del 5, y Clare del Distrito 8. Son mis mejores amigas, las únicas que lo saben todo sobre mi vida y sobre mi familia, esas chicas que nunca se han rendido y han seguido animándome cuando tenía un mal día, las que me siguen la corriente cuando nuestro profesor de matemáticas nos saca a hacer ejercicios en la pizarra y le decimos alguna mentirijilla. Las echaré mucho de menos.
Cuando se van, noto un gran vacío en mi interior. Apoyo las manos en el alféizar de la ventana y veo mi reflejo en el cristal. Tengo los ojos un poco rojos. Dos agentes de la paz entran y me llevan a la estación de tren. Allí está Caleb con otros dos agentes de la paz, y enseguida le cojo de la mano.
La mujer del sorteo, que se presenta como Ladiane Claude, nos dice que entremos.
Es muy lujoso y colorido por dentro. Hay cuatro butacas, una lámpara de araña, una larga mesa con ocho sillas y dos filas de carros con todo tipo de comida.
Nos llenamos los platos hasta arriba y empezamos a comer. Al principio intento masticar y comer despacio, pero la comida está tan buena que acabo engullendo. Cuando terminamos, estoy tan llena que apenas me puedo levantar. Hago un esfuerzo y sigo a Ladiane por el pasillo de los compartimentos. La mía es la última del pasillo, al lado de la de Caleb.
-Estoy muy cansada, voy a darme una ducha -le digo a Caleb.
-Vale, te veo luego.
Abro la puerta de mi compartimento y me sorprendo. Es bastante grande, hay una moqueta de color rosa pastel en el suelo y a la derecha una puerta, el baño. Entro y abro el grifo de la bañera. Hay todo tipos de jabones, como de coco, limón, piña, fresa y de rosas. Al final añado el de fresa y el agua adopta un color rosáceo. Me quito toda la ropa y me meto en la bañera. El agua está calentita, perfecta para mi gusto, y con el olor a fresas del jabón se está de maravilla. Cierro los ojos y dejo la mente en blanco, no quiero pensar en nada salvo estar tan bien aquí dentro...
Me despierta una voz aguda que proviene de fuera del baño. Abro los ojos de golpe y me miro las manos; están muy arrugadas, llevaré dentro de la pañera dos horas o más. Me pongo el albornoz y abro la puerta. 
-¿Qué pasa? -le pregunto a Ladiane, que está de pie con las manos en las caderas como jarras.
-Son las seis y media, tienes que prepararte para la cena.
-Ah. ¿Algo más?
-No -responde-. ¿Qué hacías?
-Me he dado un baño y me he quedado dormida dentro de la bañera sin querer...
-Está bien. En el armario tienes todo tipo de ropa a tu disposición, elige lo que más te guste y ven al comedor.
Da un portazo y suspiro. Me dejo caer encima de la cama, con el pelo mojado. Me levanto y abro las puertas del armario. Hay vestidos, faldas, pantalones, camisas, camisetas y chaquetas, y zapatos planos y de tacón. Escojo una camiseta de media manga color crema y una falda negra con volantes. Me pongo unos zapatos planos de color crema también y me seco el pelo. Después me lo recojo en una coleta en un lado y salgo de mi compartimento.
Caleb está esperando fuera, apoyado en la pared. Me coge de la mano y me da una vuelta.
-Estás preciosa, como siempre -me susurra.
-Gracias.
Le doy un beso en la punta de la nariz y vamos al comedor. Ladiane Claude ya está allí, sentada en una butaca. 
-Qué puntuales sois, eso me gusta -dice, levantándose y haciéndonos una seña para que nos sentemos en la mesa.
-Ladiane, tengo una pregunta -le digo.
-Sí, dime, cariño.
-¿En esta edición de los Juegos no hay mentores?
-Oh, no. Los Vigilantes no han querido por... venganza.
"¿Venganza? Cómo si los 77º Juegos del Hambre no fueran ya suficiente venganza."
Después de cenar, nos vamos a nuestros compartimentos a dormir, llegaremos al Capitolio a las diez y tendremos que madrugar. En la puerta de mi compartimento, Caleb me coge de la mano y me dice:
-Intenta dormir, ¿vale? Mañana será un día muy duro.
-No, no podré -le digo, y como no me entiende, me explico mejor-: No podré dormir sin ti.
-Claro, no tienes que pedírmelo. Dormiré contigo -Me besa en los labios y abro la puerta.
Me pongo un pijama que he cogido del armario en el baño, y me peino. Cuando salgo, Caleb está tumbado en mi cama, tapado hasta la cintura y dejando su perfecto torso al aire. Me tumbo junto a él y me rodea con sus brazos.
-Buenas noches -me susurra, y me da un beso en los labios.
Cierro los ojos y respiro su olor. Me siento protegida entre sus brazos. Pienso en que mis padres y Lain ya se habrán ido a dormir. Los echo tanto de menos que me duermo rodeada de lágrimas.

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Noelia Mellark. ‹з