domingo, 21 de octubre de 2012

Capítulo 5

Siete meses más tarde…
Durante siete meses han dejado que los tributos descansen antes de ser lanzados a la arena para matarse. Lain y yo hemos estado aprendiendo a disparar con el arco con mi madre y a lanzar cuchillos con mi padre todos los días durante este tiempo; creo que ya estoy preparada para ir.
Caleb ha estado entrenando mucho con nosotros, aunque la verdad es que no sé para qué, por que pienso que los dos tributos elegidos vamos a ser mi hermano y yo, los hijos de la pareja de enamorados que dio tantos problemas al Capitolio; y nos ha  enseñado también ha lanzar el hacha, aunque yo ya tenía suficiente con el arco y los cuchillos.
Me levanto de la cama y me pongo un vestido naranja que heredé de mi madre, unas sandalias plateadas y una cinta en el pelo plateada también.
Bajo al salón, y allí me están esperando ya todos: papá y Lain, vestidos los dos iguales con unos pantalones negros y una camisa blanca, y mamá, con un vestido verde precioso.
-Buenos días –susurro.
-Hola, buenos días.
-Dandelion, ¿quieres comer algo antes de irnos? Nosotros ya hemos desayunado.
-No, esta mañana no tengo apetito…
Papá abre la puerta y los cuatro salimos por ella. El verano es mi estación favorita, pues es la única temporada donde hace calor en el Distrito 12. Los árboles de la Aldea de los Vencedores están más verdes y hay flores de distintos colores. Agarro un diente de león y me lo pongo en el pelo.
Vamos a la plaza, donde siempre se ha hecho el sorteo de los tributos. Cuando llegamos, la plaza ya está a rebosar de gente, y eso que son las dos menos veinte. Mi hermano y yo fichamos, y él se va al sitio delimitado con cuerdas donde tienen que estar los niños de 12 años, y yo me voy donde están los de 16. Me encuentro allí, un poco asustada, a mi amiga Ellesmere.
-Hola –le digo, y le doy un abrazo para que se tranquilice-. Todo va a salir bien, tú no vas a salir elegida.
-Eso no lo puedes saber, Dandi. Es un sorteo y nunca puedes adivinar quién será elegido. Seguramente lo amañen y metan todas las papeletas con un mismo nombre en cada urna…
-Bueno, tranquilízate. Voy a salir yo, estoy segura. ¿Quién mejor que la hija de la pareja de enamorados que dio tantos problemas al Capitolio?-le digo, y me separo de ella.
En ese instante, una mujer de pelo dorado que le llega hasta la cintura, un vestido azul eléctrico y unos zapatos también dorados, sale del Edificio de Justicia y se pone delante del micrófono.
-¡Bienvenidos, Distrito 12, al sorteo de los tributos que representarán al Distrito 12 en los 77º Juegos del Hambre! –dice, con una voz aguda que te hace daño a los oídos-. Bueno, empezaremos por las niñas.
¿Niñas? Esta mujer tiene que tener pájaros dentro de esa cabeza.
Mete la mano en la urna de cristal con los boletos y vuelve delante del micrófono. Abre el papel y dice, tan alto que su voz te llega hasta los huesos:
-¡Dandelion Mellark!
“Qué sorpresa”, pienso.  Ellesmere y unas cuantas chicas de mi clase me dan un abrazo y me dirijo al escenario. Subo con paso firme los escalones y me pongo al lado de la mujer.
-¿Hay alguna voluntaria para ocupar su lugar? –pregunta.
Obviamente, nadie se presenta.
-Bien, ahora los chicos.
Camina hacia la otra urna y saca dos papeles. Tira uno otra vez en la urna y con el otro en la mano, lo abre y dice:
-¡Lain Mellark! Vaya, qué coincidencia, ¡los dos hermanos han sido elegidos!
Mi hermano de 12 años camina con paso algo lento hacia el escenario. Cuando sube, se pone al lado de la mujer, y ésta dice:
-¿Algún voluntario?
Una mano sobresale del primer grupo de chicos de 18 años.
-¡Qué maravilla! Sube, sube, por favor.
Cuando se abre paso y lo veo, se me cae el alma a los pies. Sube los escalones y Lain baja del escenario para reunirse otra vez con el grupo de chicos de 12 años.
-¿Cómo te llamas? –le pone el micrófono delante de la boca.
-Caleb Ellsworth.
-Bien. ¡Un plauso para los tributos de este año, Dandelion Mellark y Caleb Ellsworth! Daos la mano –nos dice.
Le abrazo con fuerza y le susurro en el oído:
-¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho?
-No tenía otra elección. He podido salvar a tu hermano ahora y te salvaré a ti en la arena. Mi mayor miedo es que desaparezcas  de mi vida.
-No, Caleb… -digo, con la cara llena de lágrimas-. ¿Y yo qué?
-Tú tienes a tu familia para seguir adelante, pero si tú murieras yo no tendría a nadie; mi abuela no durará mucho tiempo…
-Te quiero, muchísimo.
-Y yo a ti, Dandelion –me dice. Me da un beso lleno de dulzura y a la vez pasión.

8 comentarios:

  1. mono monisimo y super mono.
    te afilio si me afilias
    (http://historiaslosjuegosdelhambre.blogspot.com.es/) ok?

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    1. Muchas gracias, Sandra! Ya he cambiado algunas cosas y creo que está mejor que antes... Sí, por supuesto, te afilio enseguida :)

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    2. Gracias por afiliarme, ahora me toca a mi, un minuto.
      Y... Una pregunta; Tu lees los capítulos de mi blog? Si la respuesta es no no pasa nada pero es que vi un comentario creo que tuyo y lo borré sin querer, sorry!

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    3. De nada, gracias a ti también :) Sí, leo tu blog, jajaja! Pero no te preocupes que lo del comentario da igual :)

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    4. Que mona y maja! Gracias por leer mi blog y no te olvides de participar en el concurso que he puesto please!!!

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    5. Jaja gracias :) Claro, me pasaré y participaré!

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  2. Nueva lectora, me gusta mucho la historia, a ver que pasa en los juegos...

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Hola, lectores :) Os agradezco que comentéis en cada capítulo, porque vuestras palabras son las que me dan ánimos a seguir cada día escribiendo. Gracias a todos los que comentáis, ¡sois geniales! Besos de vuestra autora,
Noelia Mellark. ‹з